Historias

El día que descubrí que el mar podía ser mi casa

Sonia·
El día que descubrí que el mar podía ser mi casa

Durante mucho tiempo soñé con dos cosas que parecían de otra vida: vivir en una isla paradisíaca y aprender a bucear. No sabía muy bien cómo, ni cuándo. Solo sabía que las quería.

Hace años, un vuelo hacia Asia marcó el comienzo de una etapa que cambiaría mi vida. Y en esa etapa apareció una isla pequeña del golfo de Tailandia: Koh Tao.

Una isla que se convirtió en casa

Viví allí durante dos años y medio. Y no, no fue una postal permanente. Hubo días de mar en calma y atardeceres imposibles, pero también días difíciles, días de echar muchísimo de menos mi casa y días de preguntarme qué estaba haciendo.

Pero poco a poco la isla dejó de ser un destino. Se convirtió en casa.

Hay una sensación difícil de explicar: la de estar exactamente donde quieres estar. En esa isla la encontré.

Del sueño de bucear a mi profesión

El buceo llegó como un sueño y terminó convirtiéndose en una pasión y después en una profesión. A través de Pura Vida tuve la oportunidad de compartir el mundo submarino con más de 700 personas.

Y ahí descubrí algo que me acompañaría mucho más allá del mar: muchas veces lo que nos separa de una experiencia increíble es simplemente el miedo a dar el primer paso.

Ayudar a otras personas a superar sus propios miedos bajo el agua fue una de las experiencias más bonitas que he vivido. Porque mientras ayudaba a otros a enfrentarse a los suyos, también aprendía a enfrentarme a los míos.

Lo que el mar me enseñó

  • Que los sueños no se cumplen esperando el momento perfecto.
  • Que el miedo no desaparece antes de empezar: desaparece cuando ya estás dentro.
  • Que puedes echar de menos tu casa y, al mismo tiempo, saber que estás en el lugar correcto.
  • Que eres capaz de mucho más de lo que pensabas.

Cuando vuelves de una experiencia así, no eres exactamente la misma persona que se fue. Y quizá por eso, cada vez que miro el mar, sigo sintiendo que una parte de mí vive allí.